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jueves

MIEL, nuevos poemas reunidos de L. Edna Ruiz


EL GRITO

 Grito agazapado
usa de mí, desgrítame, arráncame;
se desmorona en ruinas lo que no podés oír,
sós una bomba en orbita
y aquí en la tierra sólo me queda un calcetín,
y la muerte todo lo jode, y hay gente
que no lo son porque son todos el mismo.
Vos lo sabés, no más silencio;
que exploten los poemas, todos los gritos
callados, mutis de rictus, parafernalia de rebaño,
gritar versifica, el grito en sí ya hace verso.
Démonos  demonios, hagamos el poema
que nos tiene presos, gritémoslo
para que sea que ya es y nos sujeta.
Hace falta liberarlo, expulsarlo, desposeernos
de su posesión. Estamos poseídos, jodidamente
poseídos. No me acuerdo ya de la última vez
que existimos, ¿Os  acordás? Era simple.

L. Edna Ruiz

 YA, YO PREFERÍA LA RABÍA

Perdidamente ya perdida, todo, toda, todas,
ahora mismo palabras que ya nadie me dicta,
no me quedan ya ni fantasmas ni camisetas
limpias ni medias, el libro, el libro, las llaves,
dios, la biblioteca, devolverlo, devolver, allí,
vomitarlo todo, la soledad, este cansancio
estéril y maldito que ya ni maldecir me deja.
Prefería la rabia.

L. Edna Ruiz 

LOS ONÍRIOS

Cuando no supe adonde ir, me senté;
al rato, me tumbé. Cuando no supe nada,
tumbada en el centro del poema, me dormí.
Supe que se trataba de tal lugar
porque los Onírios no saben odiar ni sumar.

L. Edna Ruiz 

BIOGRAFÍA
( o de como la locura tuvo siempre la razón)

Tarde me quejaré de tales males, siempre
anduve de mar en mareo, de maremoto, loca,
de boca en voz, de verso a naufragio, de ahora
o nada, nadé siempre y fui contracorriente, la mía.
Y tarde, tarde me quejaré, mas algo sí sabré: la tuve,
sí, la fui.

L. Edna Ruiz


Común a lo mamífero…


Común a lo mamífero
nos guiaron las sangres.
Común a los hombres
después
el exilio en los cuerpos.
Los hígados: mal.
Entonces te largaste y aquí parece que no haya habido nunca nadie.
Me tumbo en la noche, sola y de los juncos, mi manto
no existe.
De la noche soy, común a los juncos
mi sexo en los juncos
se frota en la noche. Después
un charco en las bragas,
el exilio interior se despeja,
cuelga un hilo de babas del poema
que todo lo une.


La Maga Lila